martes, 12 de febrero de 2008

7 - 0pciones

Por supuesto, no he escogido el número al azar... Pero bueno, vamos a lo que vamos, y es que, ante la proximidad de los exámenes de segunda evaluación, me he puesto, como de costumbre, a discutir conmigo mismo (el que no habla solo es porque no quiere...) sobre mi futuro. Todas empiezan en el mismo punto: ahora. Al final, creo que me han quedado siete opciones a cual más creativa. Las he puesto título y todo...

1. La opción típica

Las cosas no cambian demasiado a corto plazo. Sigo enfadándome un día sí y el siguiente también, pero al menos se van dosificando un poco las broncas. Tras cuatro años en el Británico, me saco la selectividad sin demasiado esfuerzo, pero sin notas extraordinarias, y concluyo esta etapa de mi vida olvidando gradualmente a toda la gente que conocí en el colegio (seguiré llevándome con algunos el primer año de universidad, y después los contactos se reducirán a mínimos). Consigo plaza en el Icade, donde descubro que, ante mi sorpresa, no me hace falta trabajar mucho más de lo que ya hacía. Me decanto por una carrera de ciencias puras, donde destaco especialmente en química, siguiendo el legado de mi familia.

Finalmente, ya graduado, consigo un trabajo estable desde el primer momento en una empresa de automóviles, donde me encargo de llevar las negociaciones de publicidad a buen puerto, demostrando que los conocimientos adquiridos en mi carrera no me valieron para nada. En lo sentimental, me acabo casando con la primera que muestra algo de interés, y el divorcio es inminente cuando, ya con dos niños, me doy cuenta que nunca nos hemos querido. Toda mi vida, me quedo estancado en esa empresa y, aunque me ascienden varias veces, mi trabajo no cambia radicalmente. Jubilado, muero en compañía de mis hijos, más exitosos que yo, que me pagan el final de mi vida.

Final: empresario divorciado, sin metas en la vida.

2. La opción soñada

En estos momentos, me propongo una meta: ser el presidente del Real Valladolid. Empiezo a esforzarme al máximo en bachillerato y, deslumbrando en la selectividad, se me paga una beca a una universidad del este de Estados Unidos. Con muy buen ojo, decido centrarme en la economía y consigo compaginar la física y la química con los estudios financieros. Una vez pasados los cinco años de cautiverio americano, donde no tengo noticias de nadie conocido en España que no sea mi familia, vuelvo a mi país para llevar a cabo mi sueño. Para ganar el dinero necesario, me especializo en la especulación de terreno.

Entre tanto, me olvido por completo de familia, amigos y relaciones, con lo que nunca llego a tener una novia formal. Mi vida se desarrolla en solitario, y exclusivamente centrado en conseguir mi objetivo principal: la gloria. Pero ante mi sorpresa, el negocio no marcha tan fácilmente como pensaba a los 18, y me veo obligado a abusar de terrenos no disponibles para aumentar mis ganancias. Aunque consigo escaparame de la ley, mis beneficios nunca llegan a alcanzar el dinero necesario para comprar un club de segunda división (sí, el Valladolid acabará bajando...) y, a la edad de 50 años y ante la monotonía de mi vida, decido conformarme con un equipo castellano-manchego que se mantiene a duras penas en segunda B. Lo renombro MARS Pucela, y descubro que un presidente de fútbol tiene que cubrir gastos enormes.

En diez años de inestabilidad deportiva y financiera, y tras ser incapaz de dirigir un club con suficiente conocimiento y sentido común, termino dimitiendo y dejando el club económicamente mermado, y habiendo cosechado pérdidas astronómicas. Con lo que me queda, me da para vivir unos pocos años más, hasta morir joven, solo en la miseria.

Final: los sueños no siempre se cumplen, y mi esfuerzo se queda en nada al olvidarme del mundo.

3. La opción vaga

En mis dos últimos años de colegio, no sólo no mejoro sino que mi vagancia aumenta. La selectividad me pilla por sorpresa, y con aprobados raspados, lo que parecía un futuro prometedor se queda en una vida media. Por nostálgico, elijo volver a una universidad de Valladolid, ante la negativa de mis padres. Allí me saco mi título de químico, pasando sin pena y sin gloria, y me busco la vida en el mercado de los fármacos. Tras dos años en paro, acudo a mi madre desesperado. Ella accede a dejarme su sitio en Carrefour, jubilándose ella, con la condición de buscar la felicidad familiar. Yo, por supuesto, retomo el trabajo de mi madre y, coincidencias de la vida, encuentro el amor en la ex-secretaria de mi madre, diez años más mayor que yo. Nos casamos pronto, y tenemos cuatro hijos.

Yo, a pesar de que me gustaría seguir donde lo dejó mi madre, me voy de Carrefour para dedicarme de pleno a mis hijos. Me monto mi propio negocio: un restaurante con, precisamente, mi madre. Su sueño se cumple y yo consigo más tiempo libre. Eso sí, vivimos en un piso de protección del gobierno a las afueras de Madrid, donde seis personas caben... Abrazadas. Al final, prosigo con el restaurante hasta la muerte de mi madre y, a falta de ideas, me asocio con mi primogénita en una idea suya propia que, al final, acaba saliendo mal. Mis hijos son un desastre, pero yo muero feliz porque tengo una familia que me quiere, casi a los 90 años. Pobre.

Final: vida familiar pero sin ambición, sin éxito y sin dinero.

4. La opción imposible

Las cosas siguen como están ahora por un tiempo, hasta que llega la hora de elegir carrera de universidad. A pesar de la insistencia de mis padres en llevarme a Inglaterra, yo prefiero quedarme en España estudiando algo totalmente alejado de lo que se me requiere: la literatura. Empiezo a leer más libros en un mes que en los anteriores 18 años, y me especializo en escribir todo tipo de textos. Al acabar la carrera de literatura, publico mi primera obra, que resulta en todo un éxito de ventas sin precedentes. Lejos de quedarme ahí, me pongo a estudiar otra carrera para realizar un sueño: periodismo. Tras largos años en los que no dejo de escribir, me licencio como periodista y mi fama como escritor es ya abrumadora. Finalmente, llego hasta donde me propongo: presentador de telediario célebre. Los medios me proclaman como el nuevo Matías Prats, y los críticos reconocen mi obra como un antes y un después en la literatura española moderna.

Me caso con una mujer exhuberante, que sólo me quiere por el dinero, pero que a mí me sirve para engañarme y hacerme sentir bien. Una vez toco techo, empieza la cuesta abajo. Con un par de hijos ya entre mis brazos, me relegan al programa matutino de la SER y mi último libro resulta en un auténtico fiasco. Antes de acabar conmigo mismo, prefiero morir con un nivel de popularidad decente, rico y poderoso. Me suicido sin llegar a cumplir los 40, en la fama.

Final: vida soñada, aunque corta, mi nombre se queda grabado en los libros de historia. Final trágico.

5. La opción turística

De nuevo, pasan los dos años de bachillerato sin grandes sobresaltos. La universidad me lleva a Inglaterra, el paraíso de mis padres. Sin embargo, la presión puede conmigo y me veo forzado a volver a España ante el fracaso universitario. Antes de retomar mi carrera, me tomo por mi cuenta un año sabático con mis ahorros. Me doy un viaje al mundo, empezando por Nueva York y acabando en Tokio. Las experiencias alrededor del globo terráqueo me hacen ver que lo mío no es estudiar, sino ayudar en trabajos humanitarios. Me alisto para ir a Afghanistán, donde proporciono ayudas sanitarias a los heridos de guerra.

Una vez terminado esto, y tras 6 años de guerra, fundo mi propia ONG pacifista, que intentará evitar una más que posible tercera guerra mundial. No lo consigo, pero intento olvidar el fracaso de la paz emigrando a Argentina, ya que Sudamérica no interviene en el conflicto. Allí conozco el que será el amor de mi vida, pero mi miedo a establecerme en un sitio me hace huir de vuelta a Europa. Con la guerra terminada, el continente es desolador, así que me voy a Rusia, que ha quedado bastante intacta. Allí las cosas no me van bien, y las mafias me obligan a hacer cosas que no quiero. Acabo asesinado por venganza cuando me disponía a volver a Argentina, en busca del amor perdido. La edad, 43.

Final: vida de trotamundos, con miedo al compromiso y alejándose de la familia y amigos.

6. La opción espectacular

Para terminar mis años de bachiller, entablo fuertes relaciones con los que me rodean en el colegio. Tanto es así, que en vez de irme a una universidad extranjera, me mudo a Barcelona para acompañar a dos de esos amigos. Allí, lejos de centrarme en los estudios, decido que llega la hora de desvelar mi faceta musical. Tras intentos fallidos en varias discográficas, me convenzo por fin de que es preferible vender la letra de las canciones. Las primeras son pagadas a cuatro perras, pero visto el éxito que resultan, alcanzo la gloria como prestigioso compositor. Tanto es así, que me ordenan componer la canción de España para Eurovisión durante 15 años seguidos. Nunca pasamos del decimosexto puesto (supongo que hay cosas que no cambian...).

A todo esto, me enamoro perdidamente una y otra vez, pero ninguna relación pasa los dos meses. Tras veinte años de carrera como compositor, decido cambiar de aires y pasar a lo que a mí de verdad me gusta: el cine. Rescato mis guiones de series y películas que hice en mis tiempos libres de joven, y continuo mi gloriosa vida triunfando como guionista. Mi nombre suena en todos sitios, pero nunca llego a tener éxito total en la vida, por culpa del amor. Al final, termino muriendo entre amigos en medio del rodaje de una película que termina siendo considerada el mejor largometraje de todos los tiempos, dejando atrás una centena de éxitos profesionales, y un millar de mujeres olvidadas.

Final: mis sueños se cumplen a pares, pero nunca consigo la estabilidad deseada.

7. La opción catastrófica

Antes de terminar 2º, el amor llama a mi puerta y me escapo de casa hacia Francia con una compañera de colegio. Lejos de mi familia, establecemos un hogar pobrísimo en un barrio marginal de París. Yo trabajo como barrendero y ella como sirvienta. Una gran oportunidad me lleva a poder empezar una nueva vida como jefe de un negocio de recolecta privada de basura, nada demasiado allá, pero más que suficiente. Sin embargo, cuando las cosas parecen ir a mejor, se avecina el caos. En un periodo de poco más de diez años, las temperaturas de la Tierra cambian radicalmente, dando paso a una Europa desértica. Como plan de rescate mundial, los dirigente europeos nos llevan a todos a África, donde el clima ahoraes frío, pero resistible. Poco a poco, el mar se va apoderando de la costa africana, hasta llevar a la desestabilidad de la atmósfera africana y posterior congelación del continente completo.

Mientras el mundo se va a pique, mi amor y yo preferimos morir congelados en un segundo que ver las consecuencias finales del paso del hombre por el mundo. En el 2030, unos años después de mi muerte, termina nuestra civilización.

Final: final.

Y puede haber una octava. De hecho la habrá. Pero esa opción, esa vida no os la podré contar ahora. Con mucha suerte este blog seguirá existiendo entonces para relatar la opción verdadera, la que sí pasará. Muchas gracias por haber llegado hasta aquí, espero que te haya gustado el paseo por mis ideas descabelladas. Mañana empieza la octava.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

opcion de isabel:
termina bachillerato brillantemente y se va a estudiar a barcelona. vive ahi 5 años sacando matricula de honor en todas las asignaturas de una carrera de esas interesantes. le ofrecen una oferta de trabajo que la permite instalarse perfectamente en madrid como investigadora. me caso con una persona que me idolatra..tengo tres hijos perfectos y empollones (andres, robin y aliena) y descubro la cura para el cancer con lo que me dan el premio nobel. FIN

p.d no te he copiado lo de barcelona, es que de verdad me voy a estudiar alli.

Anónimo dijo...

especulazión no es con C? :p

mars24 dijo...

si

BEGO dijo...

ajjaa pues a mi me han gustado todas, excepto que en la fase periodistica d tu vida, y en la q llegas a ser presentador, t olvidaste de mencionar a la compañera de telediario rubia i mona pero inteligente, que habla a la cámara a tu lado, es decir yo. tb olvidaste mencionar, q escribiriamos n libro junto, i q antes de q fracasaras yo, cumpliendo mi promesa i evitandote el suicidio, me caso contigo como prometí cuando tenía 14 o 15 años.
fin: nos fugamos huyendo del fracaso español a australia, donde nuna pensamos q estariamos, con dos hijos perfectos, cayetano i begoña (obviamnt), cuyos éxitos escolares, les valdrán una beca en YALE, i por fin begoña junior cumplira el sueño q tuvo su madre de graduarse en journalism en esa uni.



....i bien?
jajaj

mars24 dijo...

vale a ver.. lo primero, son MIS historias, y no he kerido dar nombres propios pero te tengo en consideracion..

y de cayetano y begoña.. ni a hostias! kiero un tomas y una yolanda!! he dicho.

BEgo dijo...

jajaj tomás y yolanda...dios... i q t parece mejor alavro o eduardo?? esq tomás suena mui a motril por dios...t imaginas a tomas graduado en yale? venga ya... tomas reguera
cayetano/alvaro/eduardo reguera
.... mucho mucho mejor..suena a importante---y yolanda esq siempre me parecio nombre de pilingui...lo siento...

jaja