Una memoria sobre amores, desamores, y una historia que no deja de acabar donde empieza.
Cuando crucé por primera vez la puerta de atrás del colegio para empezar el curso 2007/08, lo primero que se me vino a la cabeza fue el nombre de la persona que había sido la encargada de cerrar oficialmente el curso anterior, la etapa de secundaria. Aquella historia tan extraña quedaba ya muy lejos, y parecía que era el momento perfecto de comenzar una nueva. Sin embargo, había un tema, un pequeño e insignificante fleco que quedaba por ser resuelto... Algo casi anecdótico que se me fue de las manos hasta tal punto que, con el tiempo, se convirtió en un gran problema, un auténtico error. Todavía hoy trato de perdonar la estupidez, la ingenuidad, el egoísmo que me llevaron a cometer semejante fallo. Posiblemente, el fallo más grande de mi vida.
Es cierto, era septiembre, y desde hacía unas semanas yo había vuelto ya de las vacaciones algo molesto con cierto amigo. A día de hoy, casi no recuerdo muy bien los motivos, creo que fue algo que pasó el último día que hizo que me sintiera inferior, despreciado... Sí, de eso sí que me acuerdo, me sentía pequeño, perdedor, impotente ante los acontecimientos. Se puede decir que pasaba una mala racha, y la sola sombra de los recuerdos me hacía más daño y me hundía más en el pozo. Un pozo que no dejaba de cavar yo mismo a base de noches pensando demasiado y envidias sin sentido, envidia de que nunca me salieran las cosas bien, de que yo siempre tuviese que ser el último...
Puede sonar como un intento de justificación, pero simplemente intento desmenuzar lo que me llevó al error, a ese error. Fue el momento, la rabia, la insensatez, el no tener en cuenta que las personas alrededor también tienen sus vidas, sus problemas y sus sentimientos... La cuestión es que lo hice, al final caí, cinco días después del comienzo de curso mentí a las pocas personas que tenía cerca, poniendo en peligro no sólo nuestra amistad, sino la amistad de terceros. Cavé mi propia tumba, y lo hice haciendo daño a mis propios amigos, al amigo que me había acompañado siempre desde pequeños, a la amiga cuya sonrisa había sido durante tiempo mi motivo por el que luchar. Lo siento, no merecéis el daño que causé ni yo me merezco vuestra comprensión, especialmente la tuya, amiga, que tan poco te he dado por lo mucho que he aprendido yo de ti.
Con la mentira haciendo su cruel trabajo, no tardé en advertir las primeras consecuencias de mi fallo, que no hicieron otra cosa que llevarme a seguir enredando, a seguir tensando la cuerda de mi integridad. Una mentira llevó a la otra, y así seguí estropeándome a mí mismo con narraciones inventadas sobre falsas estrategias, falsas historias que arreglaban mi deteriorada dignidad por un momento, pero dañaban mi relación con el mundo de forma exagerada, provocando solamente odio y pena, dos sensaciones que nunca sabré por qué, mi estropeada mente no para de querer causar (el victimismo es sólo el primer síntoma).
Una mentira encima de otra mentira nunca hace una buena base sobre la que construir la historia de un curso, y con esto me refiero a la invención de 'fases' que se me ocurrió para dejar de ser yo el 'dejado' y convertirme en el triunfador que no dudé en contar a otros dos de mis amigos, pero que tuvo el efecto contrario al deseado. En vez de triunfador, me convertí en manipulador, en mala persona. Fui un auténtico imbécil. Quise parecer menos 'víctima' para ser el malo de la película. De nuevo, lo siento a los dos a los que os seguí mintiendo, al amigo que siempre será el único gajo que encontré en el colegio de mi mandarina de la amistad, y a la amiga que me enseñó que pensar en imposibles no es soñar.
Al final, se hizo bueno ese refrán que dice "siembra vientos y recogerás tempestades". Seis meses después, rozando febrero, la mentira había quedado prácticamente olvidada, pero el daño que había hecho era demasiado injusto para dejarlo ahí sin más. Poco a poco fui confesando, intentando que el mar volviese a estar en calma, pero eso es como tratar de borrar la línea blanca trazada por un avión: al final el cielo vuelve a estar azul, pero el dióxido de carbono siempre sigue en el aire. El daño ya estaba hecho. Lo siento muchísimo, y gracias a todo el mundo que increíble e inmerecidamente, supo perdonar en su momento.
Esto me lleva a la siguiente parte de la memoria del círculo, para la que tenemos que volver al comienzo del curso...
Continuación: 2ª parte
Cuando crucé por primera vez la puerta de atrás del colegio para empezar el curso 2007/08, lo primero que se me vino a la cabeza fue el nombre de la persona que había sido la encargada de cerrar oficialmente el curso anterior, la etapa de secundaria. Aquella historia tan extraña quedaba ya muy lejos, y parecía que era el momento perfecto de comenzar una nueva. Sin embargo, había un tema, un pequeño e insignificante fleco que quedaba por ser resuelto... Algo casi anecdótico que se me fue de las manos hasta tal punto que, con el tiempo, se convirtió en un gran problema, un auténtico error. Todavía hoy trato de perdonar la estupidez, la ingenuidad, el egoísmo que me llevaron a cometer semejante fallo. Posiblemente, el fallo más grande de mi vida.
Es cierto, era septiembre, y desde hacía unas semanas yo había vuelto ya de las vacaciones algo molesto con cierto amigo. A día de hoy, casi no recuerdo muy bien los motivos, creo que fue algo que pasó el último día que hizo que me sintiera inferior, despreciado... Sí, de eso sí que me acuerdo, me sentía pequeño, perdedor, impotente ante los acontecimientos. Se puede decir que pasaba una mala racha, y la sola sombra de los recuerdos me hacía más daño y me hundía más en el pozo. Un pozo que no dejaba de cavar yo mismo a base de noches pensando demasiado y envidias sin sentido, envidia de que nunca me salieran las cosas bien, de que yo siempre tuviese que ser el último...
Puede sonar como un intento de justificación, pero simplemente intento desmenuzar lo que me llevó al error, a ese error. Fue el momento, la rabia, la insensatez, el no tener en cuenta que las personas alrededor también tienen sus vidas, sus problemas y sus sentimientos... La cuestión es que lo hice, al final caí, cinco días después del comienzo de curso mentí a las pocas personas que tenía cerca, poniendo en peligro no sólo nuestra amistad, sino la amistad de terceros. Cavé mi propia tumba, y lo hice haciendo daño a mis propios amigos, al amigo que me había acompañado siempre desde pequeños, a la amiga cuya sonrisa había sido durante tiempo mi motivo por el que luchar. Lo siento, no merecéis el daño que causé ni yo me merezco vuestra comprensión, especialmente la tuya, amiga, que tan poco te he dado por lo mucho que he aprendido yo de ti.
Con la mentira haciendo su cruel trabajo, no tardé en advertir las primeras consecuencias de mi fallo, que no hicieron otra cosa que llevarme a seguir enredando, a seguir tensando la cuerda de mi integridad. Una mentira llevó a la otra, y así seguí estropeándome a mí mismo con narraciones inventadas sobre falsas estrategias, falsas historias que arreglaban mi deteriorada dignidad por un momento, pero dañaban mi relación con el mundo de forma exagerada, provocando solamente odio y pena, dos sensaciones que nunca sabré por qué, mi estropeada mente no para de querer causar (el victimismo es sólo el primer síntoma).
Una mentira encima de otra mentira nunca hace una buena base sobre la que construir la historia de un curso, y con esto me refiero a la invención de 'fases' que se me ocurrió para dejar de ser yo el 'dejado' y convertirme en el triunfador que no dudé en contar a otros dos de mis amigos, pero que tuvo el efecto contrario al deseado. En vez de triunfador, me convertí en manipulador, en mala persona. Fui un auténtico imbécil. Quise parecer menos 'víctima' para ser el malo de la película. De nuevo, lo siento a los dos a los que os seguí mintiendo, al amigo que siempre será el único gajo que encontré en el colegio de mi mandarina de la amistad, y a la amiga que me enseñó que pensar en imposibles no es soñar.
Al final, se hizo bueno ese refrán que dice "siembra vientos y recogerás tempestades". Seis meses después, rozando febrero, la mentira había quedado prácticamente olvidada, pero el daño que había hecho era demasiado injusto para dejarlo ahí sin más. Poco a poco fui confesando, intentando que el mar volviese a estar en calma, pero eso es como tratar de borrar la línea blanca trazada por un avión: al final el cielo vuelve a estar azul, pero el dióxido de carbono siempre sigue en el aire. El daño ya estaba hecho. Lo siento muchísimo, y gracias a todo el mundo que increíble e inmerecidamente, supo perdonar en su momento.
Esto me lleva a la siguiente parte de la memoria del círculo, para la que tenemos que volver al comienzo del curso...
Continuación: 2ª parte
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